Crédito: USDA/flickr

Nuevo país, misma opresión: Es hora de reforzar los derechos de los trabajadores agrícolas

Ya sea en las zonas rurales de Pakistán o en el Valle de Salinas, la negligencia y la injusticia impregnan el trabajo agrícola. Los científicos medioambientales, los encargados de formular políticas públicas y los ciudadanos deben dar un paso al frente y unirse a la lucha de los trabajadores que alimentan a nuestra nación.

"¿Por qué los trabajadores agrícolas alimentan a la nación pero no pueden obtener estampillas de comida?"


Este comentario de Dolores Huerta, líder de derechos laborales, resuena conmigo. Al crecer en una aldea agrícola en Pakistán, la vista de los campos de mostaza amarilla en una mañana fría con un telón de fondo de niebla densa que se encuentra con un sol naciente está grabada en mi mente.

Me llaman la atención los problemas de salud de los trabajadores agrícolas, ya que la agricultura es tan esencial para la historia de mi familia. Vengo de una familia de agricultores de varias generaciones donde la agricultura se remonta a mis tatarabuelos. Pasé mis años de formación en las zonas rurales de Pakistán, observando de primera mano muchos desafíos de la equidad en salud. La inestabilidad económica y la ansiedad derivadas de la escasez de agua y los bajos rendimientos de los cultivos debido al cambio climático fueron una realidad que mi familia y muchos en mi comunidad vivieron.Al mudarme a los Estados Unidos, me di cuenta de que las injusticias que enfrentan los trabajadores agrícolas en la pequeña aldea agrícola donde me crié no son únicas. Más bien, incluso en la economía más grande del mundo, las personas que cultivan los alimentos de la nación son descuidadas y quedan sin protección social, de salud y laboral.

Como científico de salud ambiental, creo que corresponde a los científicos y a los encargados de formular políticas implementar políticas humanas basadas en evidencia que protejan a los trabajadores agrícolas. Hacer mi parte para cambiar esta opresión es el ingrediente principal de mi ikigai; un concepto Japonés que se traduce aproximadamente como "una razón de ser."

Nuevo país, mismas injusticias

Al principio de mi carrera, cuando aún vivía en Pakistán, trabajé en una granja como higienista industrial, donde el maltrato de los trabajadores—incluyendo los turnos de trabajo sin descanso, y prácticamente ninguna medida preventiva contra la exposición al calor—era común.

Estas experiencias me ayudaron a comprender que los factores que afectan la salud de los trabajadores están más allá de su control. También marcó mi trayectoria profesional en salud pública antes de saber que mi pasión tenía nombres elegantes como equidad en salud, justicia ambiental y derechos laborales.

Al mudarme a mi nuevo hogar, "la tierra de los libres y el hogar de los valientes", en 2013 las injusticias sistémicas fueron inquietantemente similares. Solo los sustantivos cambian, de cristianos a musulmanes y judíos, de migrantes afganos a migrantes mexicanos. Las opresiones enfrentadas por los trabajadores agrícolas tampoco fueron una excepción.

A pesar de ser el pilar del sector agrícola de los EE. UU.—una industria que contribuye con alrededor de $ 1 billón a la economía de los EE. UU.— este grupo de trabajadores permanece en la sombra sin ningún tipo de protecciones brindadas por políticas de salud pública. Es difícil medir con precisión el estado de la migración, como la autorización legal de trabajo entre esta población. Las estimaciones sugieren que hay más de 2 millones de trabajadores agrícolas trabajando en los campos y alimentando a la nación. De estos, entre un 50 y un 70 por ciento no tienen autorización de trabajo. Además, la mayoría son migrantes e inglés no es su primer idioma.

"Excepcionalismo Agrícola"

La mayoría de los trabajadores agrícolas no solo enfrentan los desafíos de ser trabajadores migrantes sin autorización de trabajo, lo que lleva a una explotación flagrante y abusos en el lugar de trabajo, sino que también sufren la carga pasada por alto del "Excepcionalismo Agrícola."

El Excepcionalismo Agrícola es una forma de opresión estructural que significa la exclusión de los trabajadores agrícolas de la mayoría de las leyes principales de protección de los trabajadores en el país. Por ejemplo, los trabajadores agrícolas fueron excluidos de la Ley Nacional de Relaciones Laborales, que protege los derechos de los trabajadores a la negociación colectiva, sindicalización y acción colectiva contra empleadores abusivos.

También fueron excluidos de las protecciones brindadas por la Ley de Normas Justas de Trabajo (FLSA, siglas en inglés), una ley federal que establece el salario mínimo, en el momento de su aprobación. Mientas se han agregado algunas protecciones desde la aprobación de la FLSA, los trabajadores agrícolas en pequeñas granjas — definidas como menos de 500 'man days' de trabajo agrícola donde un man day es equivalente a un empleado que trabaja por al menos una hora— permanecen exentos del salario mínimo y protecciones del pago por sobretiempo. Además, FLSA también establece la edad mínima para el trabajo agrícola a los 12 años.

Este ensayo también está disponible en inglés.

Estas opresiones sistemáticas integradas en las políticas públicas y los prejuicios que enfrentan los trabajadores agrícolas basados en el sexo, el género, el origen étnico y la capacidad lingüística tienen un efecto perjudicial en su salud y bienestar. La discriminación acumulativa basada en estas identidades interdependientes también se conoce como interseccionalidad. Este status quo garantiza una respuesta con política y defensa mucho más fuerte.

Los científicos necesitan  posicionarse al frente y hacer más

"Cada tomate tiene una historia ... es una historia de familias transnacionales y sueños rotos", dijo Evelyn Encalada, organizadora de Justicia for Migrant Workers en Ontario, Canadá.

Esta cita captura la esencia de la difícil situación de los trabajadores agrícolas y humaniza a esta población tanto para los científicos como para la sociedad en general.

Los científicos a menudo se pierden en los detalles técnicos y los valores de p, perdiendo contacto con el elemento humano de las poblaciones a las que aspiramos servir.

Entonces, piense en el trabajador agrícola mal pagado y sobrecargado de trabajo cuando esté disfrutando de su ensalada. Todos los estadounidenses tienen un papel que desempeñar en la defensa de los derechos fundamentales de todos los trabajadores a través de la participación cívica activa y exigiendo políticas que protejan los derechos de los trabajadores.

"Se necesita más investigación" no es necesariamente cierto en la investigación de salud de los trabajadores agrícolas: existe mucha investigación para saber que hay que hacer algo.

Lo que nos falta es la traducción y aplicación de dicha investigación. Los científicos tienen un papel fundamental que desempeñar en traducir la evidencia de injusticia a políticas para mejorar las condiciones de trabajo de los trabajadores agrícolas. En lugar de escribir otra solicitud de beca de investigación persiguiendo otra idea de Torre de Marfil sin aplicación en el mundo real, los científicos deberían comunicarse con las comunidades afectadas, como los trabajadores agrícolas, evaluar sus necesidades y realizar una investigación aplicada e adecuada con el potencial de ampliar las intervenciones e informar las políticas públicas.

Deberemos hacer más y hacerlo mejor.

Por favor, acompáñenme para avanzar el cambio positivo y responsabilizarnos mutuamente.

Ans Irfan, MD, MPH es estudiante de doctorado en salud pública (DrPH siglas en inglés) y profesor asociado en la Escuela de Salud Pública del Instituto Milken, Universidad George Washington. También es un Académico de Investigación de Políticas de Salud de la Fundación Robert Wood Johnson. Puede ser contactado al ansirfan@gwu.edu

Este ensayo es parte de "Agentes de Cambio", una serie en curso que presenta las historias, análisis y perspectivas de los líderes de salud ambiental de la próxima generación que provienen de entornos históricamente poco representados en la ciencia y la academia. Los ensayos de la serie reflejan las opiniones del estudiante y no las de EHN.org o la Universidad George Washington.

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