La investigación en materias de salud y su problema con la palabra "R"

Si la comunidad de salud pública va a abordar la injusticia, primero debe reconocer plenamente el racismo. Como Xicana orgullosa de entrar en el campo, invito a mis compañeros a ser parte del cambio.

La pandemia del COVID-19 ha puesto de relieve las inequidades del sistema de salud de los EE. UU-y el campo de la salud pública, que incluye las ramas de la epidemiología y la salud ambiental, ha sido durante mucho tiempo cómplice de mantener estas desigualdades.


Las personas de raza Negra y Morena se han visto afectadas de manera desproporcionada por el COVID-19, y esto no se explica a través del determinismo biológico, porque estas teorías son racistas y falsas. Siglos de injusticia económica, social y ambiental han dejado a las comunidades de color más susceptibles a enfermedades y dolencias.

El conocimiento sobre estas inequidades sanitarias no es nuevo. Es de conocimiento general dentro del campo de la salud pública que las comunidades oprimidas se ven afectadas por una mayor carga de enfermedades. A pesar de esto, no es una práctica común que el campo de la salud pública aborde las causas fundamentales de las inequidades sanitarias.

Dado que muchas personas están interesadas recientemente en seguir carreras en epidemiología con la esperanza de abordar estas inequidades, es imperativo que el mundo sepa que la epidemiología no ha priorizado el desarraigo de las causas fundamentales de las inequidades sanitarias, incluida la palabra r: RACISMO. De lo contrario, el campo hubiese comenzado a nombrar, comprender y abordar adecuadamente las causas sociales y políticas que sustentan las inequidades sanitarias cientos de años atrás.

Este ensayo también está disponible en inglés.

Sin embargo, el campo está cambiando. Muchos académicos y comunidades de orígenes oprimidos se niegan a ser borrados y silenciados y están resaltando la necesidad de que la salud pública se mire en el espejo y desmantele las prácticas dentro y fuera del campo para lograr una salud óptima para todos, especialmente para los más oprimidos.

Yo soy una de esos investigadores.

Como Xicana, nieta de un bracero Mexicano, con raíces Hñähñu, fui testigo de las barreras sistémicas para una salud óptima que enfrentan las comunidades desatendidas. Incursioné en la salud ambiental porque fui criada como miembro de una comunidad que pensaba en cómo nuestras acciones impactarían al colectivo, incluida la naturaleza.

Una gran cantidad de prácticas familiares me conectó con los demás y con el medio ambiente. Cuando era niña, mi tío abuelo solicitaba mi ayuda para desgranar mazorcas de maíz para nixtamal de tortilla (mazorcas de maíz para tortilla nixtamal), transmitiendo el conocimiento cultural ecológico de Mesoamérica. Mis padres construyeron un pozo para recolectar agua de lluvia para uso doméstico, conectándome con elementos vitales.

También fui testigo de la explotación de los miembros de la comunidad y del medio ambiente en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. De niña visité una comunidad Mexicana que lamentaba la pérdida de su ecología y medios de vida después de ser desplazados por una represa hidroeléctrica. Como miembro de una comunidad de trabajadores agrícolas, fui testigo de la exposición de los trabajadores a riesgos laborales, mientras que a muchos se les negaba el seguro médico y los derechos básicos de salud.

Me han silenciado y he sido testigo de primera mano de cómo el campo de la salud pública no aborda los sistemas opresivos y racistas. Pero cada vez tengo más esperanzas: mi departamento actual da prioridad a la equidad, a la apertura, al aprendizaje de los fracasos y me ha demostrado que promover la equidad en la salud no es una moda pasajera, pero en palabras de mi mentor, el Dr. David Michaels, "es hacer lo correcto."

Mi grupo de MPH fue el más diverso (raza, etnia, clase, género, sexualidad) del que jamás haya formado parte y nos animamos mutuamente. Compartimos nuestras experiencias vividas y hablamos abiertamente sobre sistemas de opresión y salud. La Justicia Ambiental no era una palabra de moda de segundo plano, era lo primordial de nuestro trabajo.

Es a través de este tipo de reconocimiento de los sistemas y políticas racistas que el campo de la salud pública puede progresar y trabajar mejor para todas las comunidades.

Inspiración desde casa

La autora Brenda Trejo (centro) en Zimapán.

Perseguí la educación en salud ambiental global y ocupacional para ayudarme a comprender mejor cómo se tomaban las decisiones que impactaban a las comunidades marginadas sin que se incluyeran nuestras voces.

Esto me tocó muy de cerca: la comunidad que ha sido el hogar de mi familia desde antes del contacto Hispánico, Zimapán, Hidalgo en México, estaba siendo amenazada por la construcción de un sitio de desechos tóxicos. La decisión de albergar desechos tóxicos de todo el mundo en Zimapán había excluido a la comunidad. Además, se mintió a la comunidad; originalmente les habían dicho que se estaba construyendo un centro de reciclaje. Pero la verdad salió a la luz.

Reconociendo que la exposición a tales tóxicos afectaría negativamente la salud y la ecología de la comunidad, un movimiento social local, Todos Somos Zimapán, se movilizó para evitar la construcción del sitio. Los miembros de la comunidad que abogaban por un medio ambiente saludable se encontraron con opresión y violencia, tácticas que comúnmente enfrentan los defensores del medio ambiente y la tierra en todo el mundo, especialmente en América Latina.

Zimapán ganó su lucha contra el sitio de desechos tóxicos y me inspiró, catalizando mi carrera académica y mi compromiso con la salud pública; mientras que solidificó mi compromiso inquebrantable con la justicia social y ambiental, la reverencia por la naturaleza y el llamado vocacional para proteger el medio ambiente y la salud humana.

Esta carrera me ha ayudado a identificar algunas de las mayores debilidades del campo de la salud pública, incluido el etnocentrismo y la falta de comprensión de los sistemas de opresión.

Reimaginando el ambientalismo

El campo de la salud ambiental es predominantemente blanco y se centra en el ambientalismo estadounidense y los valores científicos occidentales. El conocimiento occidental ha monopolizado el poder y se presenta como la única forma correcta de conocimiento.

Mi programa de estudios ambientales de pregrado colocó a John Muir y a otros racistas en un pedestal. Muchos de mis compañeros manifestaron su ambientalismo a través del consumo de productos ecológicos y caminatas en solitario mientras usaban costosos equipos recreativos para actividades al aire libre comprados a empresas que tienen como objetivo ayudar a los ambientalistas estadounidenses a "recrear" las relaciones humanas con la naturaleza, que han sido rotas.

Va más allá del ambientalismo: estos puntos de vista del ambientalismo informan la salud ambiental manteniendo la raza blanca por defecto y como norma. El blanco es con mayor frecuencia la raza incluida en la investigación de salud ambiental. La salud de las personas no blancas se compara con la de las personas blancas, sin tomar en cuenta las experiencias, los desafíos y las características únicas de las comunidades Negras y Morenas.

La salud ambiental también ha subdividido el medio ambiente en una serie de "exposiciones" que impactan la salud humana. Estas exposiciones se enmarcan como algo separado de los humanos y son definidas por científicos, no por comunidades.

Soy tan Americana como el maíz. Sin embargo, mi ambientalismo se ve diferente a lo que me enseñaron en mi programa de estudios ambientales de pregrado. Mi salud ambiental reconoce que la justicia ambiental, es justicia reproductiva, es justicia social, es justicia climática, es justicia de inmigrantes, es justicia.

Mi ambientalismo también está informado por la interseccionalidad. El campo de la salud ambiental apenas está rasgando la superficie para entender la raza y el racismo. La interseccionalidad es un marco que articula cómo los diferentes sistemas de opresión, no sólo el racismo, se cruzan e impactan las vidas de las comunidades y de los individuos. Mi salud ambiental incluye comprender cómo mi posicionalidad, incluyendo privilegios y desventajas, afecta mi compromiso con patrocinadores, otros investigadores y participantes.

Mi salud ambiental comprende que cuando los seres humanos contaminan el medio ambiente, los seres humanos se hacen daño a sí mismos.

Mi ambientalismo y salud ambiental se hace eco del de Berta Cáceres, la líder Lenca que fue asesinada en Honduras por defender los ríos sagrados. En la cosmovisión Lenca de Berta, la naturaleza vive y su lucha por la justicia se basó en la comprensión de la intersección de las estructuras de dominación y de explotación.

"Esta región montañosa tiene una fuerte relación con el pueblo Lenca, los bosques están vivos, las montañas están vivas. Este es un río vivo que se ve amenazado por la construcción de seis represas hidroeléctricas ... Desde la cosmovisión Lenca, el agua es un elemento fundamental, así como la tierra es parte del equilibrio y la creación, los espíritus viven en el agua. Por eso es fundamental respetar y cuidar el agua como un ser, como nosotros. Esto explica por qué una comunidad tiene tanta fuerza para defender un río." Berta Cáceres (Amigos de la Tierra 2017).

Eyespeak, Glendale Community College Time Capsule Monument. Crédito: Liliflor Art

Diciendo la verdad al poder

Si bien ahora me he reincorporado a un departamento que reconoce el racismo y la justicia ambiental, aprendí por las malas que no todas las instituciones lo hacen.

En mi anterior programa de doctorado, me quedó claro que el departamento no entendía las causas fundamentales de las desigualdades sanitarias que podía mejorar enormemente su investigación participativa comunitaria. Sentí que una parte clave de la investigación debería ser integrar mejor la comprensión de las causas fundamentales de las inequidades en la salud y las prácticas antirracistas dentro del departamento. Compartí estos pensamientos con sugerencias concretas en una reunión centrada en el futuro del departamento. Me recibieron dos profesoras blancas que me dijeron que claramente no tenía ni idea sobre participación comunitaria y que estaba pasando por alto los programas del departamento que desde años llevan a cabo investigaciones participativas basadas en la comunidad.

También silenciaron repetidamente las voces de las personas no blancas del grupo. A pesar de esta desvalorización, compartí mis pensamientos con todo el departamento en voz alta. El hombre blanco que lideró la reunión recibió mis comentarios diciendo "está bien, haremos que el departamento vote sobre eso", y continuó escuchando a los demás e incorporando sus comentarios, mas no los míos.

No se llevó a cabo ninguna votación ni se discutieron los sistemas de opresión. Decepcionada, salí temprano de la reunión. Reconocí que el departamento no iba a cambiar a corto plazo y necesitaba estar cerca de personas que reconocieran y resaltaran el racismo.

Unos meses después, me transferí de departamento porque había experimentado un nivel inimaginable de discriminación por parte de profesores, personal y estudiantes.

Mi experiencia fue "desalentadora", por decir lo mínimo, pero comparto mi testimonio con otros estudiantes de color, ya que los animo a unirse y permanecer en el campo de la salud pública, para que sepan que no están solos cuando enfrentan discriminación y tácticas para silenciar sus voces o borrar sus aportes.

Como mentora, animo a los jóvenes de color a involucrarse en la salud pública porque necesitamos estar en los puestos y salas de toma de decisiones que impactan la salud de nuestras comunidades. La mayoría de las veces, estas decisiones se toman sin nosotros.

Priorizando la salud de los más oprimidos

Un año después, ese antiguo departamento está siguiendo el tren de las instituciones que articulan públicamente su compromiso de volverse antirracistas. Mi esperanza es que estas palabras vayan acompañadas de acciones y que el racismo no sea el único sistema de opresión que condena la salud pública.

A veces me he sentido avergonzada del campo de la salud pública porque se niega a nombrar el racismo, sexismo, xenofobia, clasismo y otros sistemas de opresión. Me inspiro en mi cohorte de Agentes del Cambio que, sin pedir disculpas, saca a la luz las muchas formas en que la salud puede mejorar. Sus trabajos están infundidos de abundantes formas tangibles de desmantelar los sistemas de opresión y de avanzar hacia la equidad en salud.

Tengo algunas sugerencias propias para el campo:

  • Nombrar el racismo, sexismo, xenofobia, homofobia, clasismo y trabajar para desmantelar estos sistemas opresivos.
  • Reconocer qué políticas e historias han sostenido estos sistemas de opresión.
  • Enseñar a los estudiantes, al personal y a los profesores a identificar cómo se benefician y/o están en desventaja debido a estos sistemas, y cómo eso influye en la financiación de su investigación, las relaciones con los participantes, oportunidades y otros aspectos. A esto se le llama comprender su posicionalidad.
  • Dejar de morder las manos que nos alimentan y curan (trabajadores agrícolas, trabajadores de la salud y otros trabajadores esenciales).

En mi investigación espero inculcar estas ideas y continuar hablando frente a la injusticia, porque las vidas de las comunidades oprimidas y marginadas están literalmente en riesgo, incluida la mía.

Extiendo una invitación a todos a priorizar la salud de los más oprimidos, porque nuestra liberación está amarrada al otro. Hay ataduras, y el COVID-19 lo demuestra claramente. Debemos estar comprometidos el uno con el otro.


Brenda Trejo, MPH es estudiante de doctorado en el Departamento de Salud Ambiental y Ocupacional de la Escuela de Salud Pública del Instituto Milken de la Universidad George Washington.

Este ensayo es parte de "Agentes de Cambio", una serie en curso que presenta las historias, análisis y perspectivas de los líderes de salud ambiental de la próxima generación que provienen de entornos históricamente poco representados en la ciencia y la academia. Los ensayos de la serie reflejan los puntos de vista de los autores y no los de EHN.org o La Universidad George Washington.

Fotografía del encabezado: Jorge Garza — http://www.qetza.com/

Traducido del inglés al español por Katia Rodríguez Cabreja, Bronx, NY, 3 de septiembre 2020

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